la era de multas automáticas es sólo el comienzo. Después de cámaras en semáforos en rojo y radares en zonas escolares, Miami-Dade inaugura un nuevo capítulo en vigilancia digital: el primero Patrulla policial autónoma de EE. UU.. A medio camino entre un coche y una estación de vigilancia móvil, el vehículo es fruto de la colaboración entre PolicingLab y Perrone Robotics y servirá como plataforma de prueba para la aplicación de la inteligencia artificial en el ámbito policial.
Policías autónomos con ojos en todas partes
El prototipo, apodado PUG (Terreno de servicios públicos de la policía)nació como un “multiplicador de fuerza”, para usar palabras de PolicingLab. En concreto, se trata de un Ford eléctrico modificado equipado con conducción autónomacámaras panorámicas, sensores térmicos, reconocimiento de matrículas y un sistema de lanzamiento de drones. El objetivo declarado es ambicioso: aumentar la eficiencia, mejorar la seguridad de los agentes y reducir los costos para los contribuyentes, incluso si la promesa de “costo cero” para Miami-Dade suena bastante optimista.
El proyecto, de hecho, es sólo uno prueba de 12 meses patrocinado por PolicingLab. En esta primera fase, el coche no patrullará las calles, sino que se exhibirá en actos públicos y en los medios de comunicación para recoger opiniones y comprobar la respuesta de los ciudadanos. Sólo más tarde, si los resultados son positivos, el departamento evaluará el uso operativo de los vehículos. Entre los parámetros que se medirán se encuentran tiempos de respuesta más rápidos, disuasión del crimen, seguridad de los agentes y confianza pública.
Hacia una policía automatizada
A través de la unidad
La idea de una patrulla sin conductor plantea inevitablemente cuestiones éticas y sociales. ¿Quién controlará los datos recopilados? ¿Cómo se gestionará? privacidad de los ciudadanos? Y sobre todo, ¿qué pasa si el algoritmo falla? El PUG, en la visión de PolicingLab, representa un modelo para todo el país, pero el riesgo es que la promesa de eficiencia se transforme en una nueva herramienta para una vigilancia generalizada.
Si el proyecto se prolongara, los costes de mantenimiento y soporte (probablemente en concepto de suscripción) acabarían recayendo sobre los hombros de las administraciones locales.