Existe una delgada línea entre lo visionario y la locura y, a menudo, es ahí donde nace la innovación más radical. Fusión Marítimauna joven startup apoyada por Y Combinator e inversores como Paul Graham y Trucks VC, se mueve exactamente en esa frontera: su objetivo no es simplemente crear un reactor de fusión comercial, sino instalarlo directamente en un barco. Una idea que hasta hace poco habría parecido pura ciencia ficción, pero que hoy encuentra un terreno fértil gracias a los avances en inteligencia artificial, modelado computacional e imanes superconductores.
Autonomía ilimitada con cero emisiones
El director ejecutivo Justin Cohen dice que un reactor de fusión naval podría ofrecer enormes ventajas sobre los combustibles tradicionales. Naves propulsadas por fusión tendrían una autonomía casi ilimitada, cero emisiones y ninguno de los riesgos relacionados con la fisión como las fusiones o los residuos radiactivos. En realidad, el sector naval no es ajeno a la energía nuclear: los submarinos y portaaviones estadounidenses navegan desde hace décadas gracias a reactores de fisión. La diferencia es que la fusión promete energía limpia sin legados tóxicos.
Para Maritime Fusion, partir desde el mar también es una opción económica. Las primeras plantas de fusión tendrán costes elevados y tendrán dificultades para competir con la energía fotovoltaica y eólica en tierra. Sin embargo, en el transporte marítimo los combustibles alternativos como el hidrógeno o el amoníaco ya son caros y la fusión podría ser una opción plausible.
Un presupuesto de nueve cifras
El primer reactor de la startup, yinsentendrá un diámetro de ocho metros y una potencia de aproximadamente 30 megavatios. El coste estimado supera los 1.100 millones de dólares, con una fecha de puesta en marcha prevista para 2032. Un objetivo ambicioso, sobre todo teniendo en cuenta que gigantes como Commonwealth Fusion Systems todavía se encuentran en fase de demostración con SPARC. Cohen, sin embargo, no parece preocupado y apuesta por un enfoque directo: no habrá experimentos intermedios, el primer tokamak deberá producir energía real.
Si la fusión cumple sus promesas, las futuras rutas comerciales podrían ser navegadas por barcos silenciosos y libres de emisiones propulsados por agua de mar.